jueves, 4 de agosto de 2016

Presente (XII) Reliquias de una apuesta (2)








      -¡Garth! - la voz de Richard tronaba desde el interior de Big Pink, todos nos mirábamos como tanteándonos la ropa-. ¡Ven a apagar esto, Garth! ¡La puta cinta se ha encasquillado!

      En el silencio que siguió a aquel grito, un gesto mudo de Garth me dejó al mando del fuego mientras él se dirigía hacia el interior de la casa.

      - ¿Qué ha sido eso? -preguntó una voz como polvorienta.
 
      Era el tipo del sombrero extemporáneo. Se quedó sin respuesta -todo el mundo corría a rellenar sus vasos- hasta que Garth y Richard salieron y, hombro con hombro, desde el umbral, ofrecieron sus respectivas versiones del asunto:

      - Era una de las cintas que estamos grabando estos días en el sótano, el equipo a veces tiene sus caprichos … -explicó Garth, con su voz conciliadora.
      - ¡Es mi manera de saludaros, gilipollas! Os estoy diciendo „hola“ por personaje interpuesto, es lo mejor que se me ha ocurrido para que entendáis que habéis elegido justo el peor día para venir a petarnos esto, joder...

      Nadie reaccionó a la voz cada vez más quebrada de Richard, hasta que una chica que estaba a mi lado, junto al fuego, rompió el silencio con una pregunta tan inocente como su propio aspecto:

      - Vale, pero ¿quién coño es ese Tiny Montgomery?

      Risas entrecortadas y brindis indecisos en vasos con cubitos ya derretidos, hasta que Rick, levantándose con una antorcha que acababa de prender en el fuego, se acercó a la chica de la pregunta para ofrecérsela, añadiendo a la sonrisa una pista prometedora:

      - Julie: tendrás que quedarte un rato más si de verdad te interesa averiguarlo.

      Mientras Julie recibía la antorcha intentando no quemarse, desde una de las ventanas abiertas del salón surgió una voz casi marcial, amplificada por un micrófono:

      - En todo caso, gente, no creo que sea buena idea andar aireando tan pronto lo que estamos tramando en privado en el sótano de esta casa. Mejor usaremos estos altavoces para crear un ambiente más propicio a esta reunión de amigos... Gracias a todos por venir. ¡Rick! ¡Pínchate algo a la altura de las circunstancias!

      Era Robbie, que tras su discurso de bienvenida salió por la puerta del salón abrazado a su flamante Dominique para, sin apenas saludar a nadie, ir a sentarse junto a un árbol llevándose la mejor botella de champán de toda la fiesta. Por suerte, la música elegida por Rick -evocadora, luminosa- empezó a sonar enseguida por los altavoces que Richard -con tan diferente propósito- había colocado frente a las ventanas, y para entonces la luz ya era lo suficientemente escasa y los inputs etéreos lo suficientemente fuertes como para que las conversaciones fluyesen sin que nadie tuviera que sentirse como público de nadie y alguna gente empezara a bailar. Garth se había vuelto a colocar al mando del fuego, y justo entonces aparecieron Simone y Ash, saludándome desde la puerta de mi caravana y apuntando adentro. Sin palabras, Garth me apremió a levantarme a recibirles.

      - ¡Hola, Nar! Gracias por llamarnos, esta fiesta tiene buena pinta... En Zena me aburro bastante últimamente, ¿sabes?, Simone y tú tampoco os pasáis tanto por allí, así que mola juntarnos esta noche entre tanta gente „guapa“... ¿Va a estar también Dylan, no? Bueno, hemos metido cervezas en la nevera, el resto de provisiones están en esa mochila, debajo de la mesa, y …
      - ¡Para ya, Ash! -interrumpió Simone con una de sus muecas-. Mola volver a verte, Nar, y además esta caravana siempre me inspira buena onda… -añadió dándome un abrazo.
      - Gracias por venir, y por las vituallas. Dylan todavía no ha aparecido, Ash, ya veremos si se digna... -su gesto contrariado me hizo sonreír-. Si os parece, preparamos algo y salimos a mezclarnos con la peña, hasta ahora me he estado ocupando del fuego sin apenas hablar con nadie...
      - Hecho -dijo Ash-. Salid ya, yo voy enseguida.

      Simone y yo pillamos unas cervezas de la nevera y nos acercamos al círculo más próximo a la caravana, formado en torno a un hombre con barba pelirroja y voz casi meliflua que cantaba sentado en el suelo acompañándose con una Martin preciosa. Alguien preguntó en voz baja quién era y Simone le llamó ignorante con un simple gesto, sin dignarse contestar. Algunas chicas lo miraban fascinadas, daba casi vergüenza seguir allí, así que nos movimos hasta el siguiente grupo, del que provenían unas risas agudas y contagiosas. Un tipo de aspecto estrafalario estaba contando una historia al parecer muy divertida. Al acercarnos vimos que era Tiny Tim, le gustaba pasarse por Big Pink de vez en cuando. Estaba haciendo reír a todo el mundo, excepto a una chica muy joven con un aspecto muy triste. Al terminar el relato, Tiny le dedicó una canción que hablaba de Memphis. Su falsete y su ukelele hicieron que la chica acabara por sonreír.

      Ash se nos unió trayendo provisiones. Nos movimos, pensando en compartirlas con el grupo en el que dos amigos de Dylan -Neuwirth y Alk- se habían enzarzado en una discusión sobre cine que mantenía en tensión a las diez o doce personas que los rodeaban. Muy mal rollo, excepto por parte de Richard, que se alegró al vernos.

      - No hay quien aguante a estos dos tíos cuando se rayan así. Mejor nos vamos a otro lado a probar esa merienda que traéis ahí -la risa le hizo toser durante un rato sin que él pareciera darse cuenta.

      Nos alejamos un poco hacia una zona menos iluminada, haciéndole una seña a Rick. Se nos unió acompañado por una de las chicas más guapas de la fiesta, Sally dijo llamarse. Extendimos un par de mantas bajo unos árboles y allí estuvimos compartiendo entre los seis lo mejor de la noche hasta ese momento: una intensísima sensación de cercanía.
      Tras un largo rato de silencio, Sally disparó una pregunta que nos dejó fuera de juego:

      - ¿Pensáis que lo de „verano del amor“ nos incluye también a la gente que en la Costa Este celebramos fiestas así?
      - Así, ¿cómo? Para empezar, esto no es exactamente una fiesta, cariño, al menos todavía -fue la respuesta de Rick antes de tenderse junto a ella y comenzar a besarla.
      - 'Ooh, baby, ooh-ee' -entonó brevemente Richard-, ¡haremos todo lo posible para que termine en juerga!
  
      Brindamos entre risas, y yo sentí que tenía una gran suerte al estar en aquel lugar en aquel momento. Es lo que sigo sintiendo esta noche, 49 años después, mientras contemplo mi imagen reflejada en el espejo de una sombrerera marrón que una vez perteneció a Dylan.



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